¿Quién debería vacunarse?

Mayores de 65 años

La gripe es una de las diez principales causas de mortalidad en las personas mayores de 65 años, siendo la tasa más alta de muertes asociadas por gripe de todos los grupos de alto riesgo. El riesgo de muerte por gripe es 10 veces mayor en personas de 65 años o más en comparación con los adultos jóvenes[1].

En los últimos años, se estima que el 54%-70% de las hospitalizaciones y el 71%-85% de las muertes relacionadas con la gripe estacional se produjeron en personas mayores de 65 años, lo que refleja la gravedad potencial de la gripe en las personas mayores[2]

En España, la cobertura de vacunación de este colectivo fue del 55,7% durante la temporada estacional 2017-2018[3], 20 puntos por debajo del objetivo marcado por la OMS[4].

Profesionales sanitarios

Los trabajadores de los centros sanitarios son un grupo prioritario para la vacunación contra la gripe, ya que tienen un mayor riesgo de infección en comparación con la población adulta en general[5].

Tres son las razones por las que el personal sanitario debería vacunarse contra la gripe:

1. Necesidad

El personal sanitario está más expuesto que cualquier otro colectivo al virus de la gripe, por lo que el riesgo de sufrir la enfermedad y sus complicaciones es mayor. Además, la vacunación se asocia a un menor absentismo laboral. En los sanitarios vacunados la gripe puede reducirse un 68%-90% y los días de absentismo laboral un 28%-40%.

2. Ética

La transmisión del virus desde el personal sanitario puede originar numerosos casos de gripe entre los compañeros y los pacientes, así como brotes relacionados con la asistencia sanitaria, con tasas de ataque de hasta el 54,8% y una letalidad de hasta el 25%; los más vulnerables son los pacientes hospitalizados, los ancianos, los inmunodeprimidos, las embarazadas, los pacientes críticos y los niños. La transmisión nosocomial de la gripe acarrea mayor morbimortalidad en unidades críticas como geriatría, oncología, hematología, trasplantes, cuidados intensivos, pediatría, maternidad, unidades de neonatología, servicios de urgencias y atención primaria.

3. Ejemplaridad

Vacunándose, el ejemplo servirá a la población general para tomar conciencia sobre la importancia de la vacunación y aumentar la confianza en ella, así como en el propio personal sanitario. Los médicos vacunados contra la gripe son más proclives a recomendar a sus pacientes la vacunación[6].

Además, los profesionales sanitarios que asisten al trabajo a pesar de estar enfermos, pueden desempeñar un papel fundamental en el contagio de virus de la gripe a los pacientes de alto riesgo que estén bajo su cuidado en los centros sanitarios. Esta transmisión del virus de la gripe de los profesionales sanitarios a los pacientes es una de las fuentes principales de infección para los pacientes con condiciones de alto riesgo[5].

Está demostrado que en hospitales con programas activos de vacunación de sus empleados se logró disminuir la incidencia de la gripe en el personal de hasta un 88% y reducir la mortalidad por complicaciones de esta infección en los pacientes cercana al 50%[7].

Niños de más de 6 meses, adolescentes y adultos sanos

La gripe es más peligrosa para los niños que el resfriado común. Cada año, millones de niños contraen la gripe estacional; miles de niños son hospitalizados y algunos incluso mueren a causa de esta enfermedad. Los niños suelen necesitar atención médica a causa de la gripe, especialmente los niños menores de 5 años de edad[8].

La vacunación antigripal de los niños mayores de 6 meses, no incluidos en grupos de riesgo, si sus padres lo solicitan y su pediatra lo considera conveniente, es una medida recomendable, dada la elevada tasa de complicaciones asociadas a la gripe en este grupo de edad. Esta actitud preventiva proporciona al niño o adolescente vacunado una protección individual directa[9].

Se recomienda la vacunación antigripal a todos los niños, adolescentes y adultos sanos que convivan con pacientes de riesgo, incluidos entre estos los lactantes <6 meses de edad con factores de riesgo, ya que no pueden ser vacunados[10].

Grupos de riesgo:

Personas con enfermedades crónicas

Con independencia de la edad, las personas con enfermedades crónicas específicas están en alto riesgo de contraer gripe y de padecer complicaciones graves asociadas. Así pues, una proporción significativa de las hospitalizaciones y muertes se dan entre las personas con enfermedades subyacentes.

Los grupos de riesgo incluyen niños a partir de los 6 meses de edad y adolescentes con las siguientes circunstancias o enfermedades de base: enfermedad respiratoria crónica, enfermedad cardiovascular, enfermedad metabólica crónica, enfermedad crónica renal, enfermedad intestinal crónica, enfermedades reumáticas, inmunodeficiencia congénita, asplenia funcional o anatómica, enfermedad oncológica, enfermedad hematológica moderada o grave, enfermedad neuromuscular crónica y encefalopatía moderada o grave, implante coclear, malnutrición moderada o grave, obesidad mórbida, prematuridad (preferentemente <35 semanas o existencia de comorbilidad), síndrome de Down y otros trastornos genéticos con factores de riesgo, tratamiento continuado con ácido acetilsalicílico, niños de 6 meses a 5 años institucionalizados o tutelados por la Administración[11][12].

Durante esta temporada se añaden nuevos grupos de riesgo, que son personas con enfermedad celiaca, personas con fístula de líquido cefalorraquídeo y personas en tratamiento con eculizumab[11].

Mujeres embarazadas

Según la OMS, las mujeres embarazadas son el grupo de riesgo más importante para la vacunación contra la gripe estacional. En su Documento de Posición revisado sobre las vacunas contra la gripe, la OMS recomienda que los países que estén considerando la posibilidad de instaurar o expandir los programas de vacunación frente a la gripe estacional, deben conceder máxima prioridad a las mujeres embarazadas[13].

Esta recomendación se basa en evidencia concluyente de un riesgo considerable de enfermedad gripal grave en este grupo y en la evidencia de que la vacuna contra la gripe estacional es segura y eficaz en la prevención de la enfermedad en mujeres embarazadas, así como en sus recién nacidos[14].

Las mujeres embarazadas tienen un mayor riesgo de enfermedad grave y muerte por gripe, especialmente si padecen comorbilidades como asma, diabetes mellitus u obesidad.

Padecer la gripe durante el embarazo también puede estar asociado con la mortalidad prenatal, la prematuridad, un menor tamaño neonatal y un menor peso al nacer[13].