Las vacunas antigripales

Las vacunas antigripales pueden ser inactivadas (elaboradas con virus muertos) o bien atenuadas (elaboradas a partir del virus debilitado). Las vacunas antigripales trivalentes autorizadas internacionalmente contienen los subtipos, H3N2 y H1N1, concretamente dos cepas del virus de tipo A y una del virus del tipo B. En el caso de las vacunas antigripales tetravalentes se incluyen dos cepas del virus B. La mayoría de las vacunas antigripales actuales son vacunas inactivadas trivalentes que se han desarrollado o en huevos de gallina, o bien en cultivo de células autorizadas[1].

Las nuevas vacunas cuadrivalentes

Durante años, las vacunas contra la gripe se han diseñado para proteger contra tres variedades diferentes del virus influenza (vacunas trivalentes). Este tipo de vacunas incluye dos virus de la gripe A (H1N1 y H3N2) y un virus de la gripe B. Los expertos deben elegir un solo tipo de virus B, a pesar de que existen dos linajes diferentes de virus B y que ambos están en circulación durante la mayoría de las temporadas.  Al agregar otro virus B a la vacuna se intenta ofrecer un nivel de protección más amplio contra los virus de la influenza en circulación[2].

Trivalente

Cuadrivalente

Algunos beneficios de las vacunas cuadrivalentes

¿Cómo se fabrican las vacunas?

La investigación sobre vacunas es un proceso largo, complejo y costoso. Dado que las vacunas son productos biológicos fabricados a partir de microorganismos vivos, su ciclo de desarrollo difiere bastante del de otros productos farmacéuticos[3]:

Fase exploratoria:

comprender la enfermedad, sus datos epidemiológicos y las proteínas (antígenos) que deben utilizarse para prevenirla o tratarla.

Fase preclínica:

evaluar la seguridad de los antígenos y seleccionar la mejor vacuna posible.

Desarrollo clínico:

participan de 10 (fase I) a 1.000 personas (fase III) en estudios clínicos y se producen los primeros lotes de vacunas (lotes clínicos y lotes industriales a
los efectos de cumplimiento).

Autorización reglamentaria:

todos los datos recopilados en las fases previas se envían para su aprobación a las autoridades sanitarias correspondientes.

Control de calidad:

cerca del 70% del tiempo de producción está dedicado al control de calidad.

¿Son seguras las vacunas?

La monitorización de la seguridad de las vacunas es uno de los requerimientos más importantes exigido por las autoridades sanitarias para otorgar la autorización de su comercialización[4].

La seguridad de las vacunas se vigila tanto en los estudios realizados durante el desarrollo de las mismas como en la vigilancia continuada tras su comercialización. Los sistemas de farmacovigilancia son esenciales para garantizar su seguridad en condiciones reales de uso y permiten, tras la administración sistemática a un elevado número de personas, detectar reacciones adversas infrecuentes, potencialmente graves y cuantificar su adecuado perfil beneficio/riesgo[4].

Los efectos adversos notificados con mayor frecuencia por adultos, adolescentes y niños de 3 a 17 años de edad después de la vacunación con la vacuna antigripal son dolor de cabeza, mialgia, dolor en el lugar de inyección[5][6].

Los efectos adversos más frecuentes en niños de 6 a 35 meses de edad después de la vacunación con la vacuna antigripal son irritabilidad, dolor a la presión en el lugar de inyección, eritema en el lugar de inyección, llanto anormal, fiebre y pérdida de apetito[5][6].

La mayoría de las reacciones ocurren dentro de los 3 primeros días después de la vacunación y se resuelven entre el día 1 y 3 después del inicio[5][6].

Contraindicaciones y precauciones

Niños menores de 6 meses: no se ha establecido la eficacia y seguridad de la vacuna antigripal en niños menores de 6 meses. No existen datos disponibles[5][6].

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Hipersensibilidad a los principios activos o a alguno de los excipientes de la vacuna antigripal o a cualquier componente que puede estar presente en cantidades traza, tales como huevos (ovoalbúmina, proteínas de pollo), neomicina, formaldehído y octoxinol-9[5][6].

La vacunación se debe retrasar en casos de enfermedad febril moderada o grave o infección aguda[5][6].